El hombre que no salvó al mundo – Columnistas – Opinión


El mes pasado, el ‘Salvator mundi’, un retrato de Jesús como salvador del mundo atribuido a Leonardo da Vinci, se subastó por 400 millones de dólares (más del doble del precio récord anterior en subastas de obras de arte).

El comprador (muchos creen que fue el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, a través de un primo lejano) pagó un precio muy alto por el retrato de un hombre a quien se le atribuyen estas palabras, dirigidas a otro rico: “Anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo”. Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿qué puede hacer por los pobres alguien a quien le sobren 450 millones de dólares?

The Life You Can Save, una organización sin fines de lucro que fundé hace unos años, tiene una calculadora que muestra lo que se puede lograr donando dinero a entidades benéficas con un historial comprobado de provisión eficaz de ayuda a las personas más pobres del mundo. Por 450 millones de dólares, uno puede devolverles la vista a 9 millones de personas con ceguera curable o dar a 13 millones de familias herramientas y técnicas para cultivar un 50 % más de alimentos. O puede entregar el dinero a las familias más pobres del mundo para que lo usen como quieran. También se pueden comprar 180 millones de redes mosquiteras cubrecama, suficientes para proteger a 271 millones de personas de la malaria.

Cuando alguien elige comprar el ‘Salvator mundi’ en vez de devolver la vista a 9 millones de personas, ¿qué nos dice eso acerca de su escala de valores? Una cosa es segura: es alguien que no piensa mucho en los demás.

Con razón o sin ella, la mayoría de las personas damos mucha más importancia a nuestros propios intereses, los de parientes cercanos y amigos que a los de otras personas, y cuanto más distantes sean, mayor la tasa de descuento que les aplicamos. Pero hay un punto en el que la tasa de descuento se vuelve tan grande, y tal la indiferencia ante los intereses ajenos, que hay que trazar una línea y decir no. Podremos discutir si la mayoría de los ricos están del lado equivocado de la línea; pero lo que es indiscutible es que darle más importancia a poseer una pintura que a devolverles la vista a millones de personas se adentra en el territorio de lo equivocado.

En 2006, el legendario inversor Warren Buffett comprometió la mayor parte de su fortuna (unos 30.000 millones de dólares) en donaciones a la Fundación Bill y Melinda Gates, para ayudar a personas en la extrema pobreza. Con esa donación, los recursos de la fundación se duplicaron. Para conmemorar el 10.° aniversario, hace poco Bill y Melinda Gates le contaron a Buffett lo que la fundación, junto con otras organizaciones, logró hacer por la salud mundial en esos diez años. Bill y Melinda Gates destacan una cifra: 122 millones. Es la cantidad de vidas de niños que se salvaron desde 1990, gracias a la reducción progresiva de la tasa de mortalidad infantil. Es decir, si esa tasa no hubiera variado desde 1990, habrían muerto 122 millones de niños más que los que realmente murieron en ese período.

Tal vez la mayor contribución que hizo la Fundación Gates para lograr esa reducción fue comprometer 750 millones de dólares para la creación de la Alianza Global para las Vacunas y la Inmunización, iniciativa público-privada que trabaja con los gobiernos y organismos de las Naciones Unidas para mejorar la tasa de vacunación en los países pobres y fomentar el desarrollo de nuevas vacunas. Hoy, el 86 % de los niños del mundo (la proporción más alta de la historia) ya reciben el calendario básico.

¿Qué piensa usted que hará más feliz a una persona? ¿Poseer una pintura o saber que ayudó a mantener a millones de niños sanos y benefició económicamente a sus familias? Tanto el sentido común como la psicología indican que no es la pintura.

PETER SINGER
Profesor de Bioética en la Universidad de Princeton
Copyright: Project Syndicate, 2017




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