Último día de Rock al Parque en el Simón Bolívar en Bogotá – Música y Libros – Cultura

[ad_1]

La edición 24 de Rock al Parque terminó este lunes manteniendo en su libreto dos de las características que lo han definido en su historia reciente: no perder el poderío de los sonidos más brutales como parte de su esencia y ser capaz de arriesgar con otras alternativas dentro de un género que está cada día más abierto a recibir otros elementos musicales.

Eso se notó con las más de 75.000 personas que llenaron el parque Simón Bolívar de Bogotá el primer día del evento, para disfrutar de uno de los carteles musicales más fuertes que ha tenido el festival. El cierre con la banda de black metal ‘Dark Funeral’ demostró que esa fama de fidelidad extrema de los metaleros es una marca del festival.

Una conexión positiva también recibieron las agrupaciones ‘Dark Tranquillity’, ‘Cattle Decapitation’, ‘Suffocation’ y ‘Angelus Apátrida’: ‘viejos conocidos’ de un público que también abrazó el trabajo de las bandas nacionales y distritales que compartieron escenario en esa jornada.

El domingo el menú musical fue mucho más amplio, dando paso a un cartel poderosamente fuerte, divertido y sorpresivo.

La gran expectativa de esa jornada (a la que asistieron más de 55.000 personas) estaba enfocada en la presentación de ‘Pussy Riot’, que curiosamente se presentó ese mismo día en el Festival Fringe de Edimburgo con otras integrantes. El colectivo está conformado por dos alineaciones que divulgan sus posturas políticas y la representación que estuvo en Escocia tuvo como protagonista a Masha Alyokhina.

Polémica, riesgo y nostalgia despidieron a Rock al Parque

Los africanos de Jupiter & Okwess.

Foto:

Juan Diego Buitrago / EL TIEMPO

La que estuvo en Colombia fue liderada por la cantante Nadya Tolokonnikova, quien fue el principal rostro de una presentación que hizo más acento en los mensajes de rebelión contra el Gobierno de su país, incluido el infaltable mensaje de: ‘Jódete Putin’.

Tolokonnikova, que fue una de las integrantes que estuvo en prisión por su acto en una catedral de Moscú, salió al escenario con una pañoleta verde, un símbolo del movimiento pro aborto en Argentina. Entre cada canción, la artista lanzaba mensajes de un marcado tono anticapitalista y en contra de la desigualdad económica en el mundo. Acompañada de un DJ y dos bailarinas, protagonizó una presentación que se acercaba más a los terrenos de performance que de un concierto tradicional, con mucho énfasis en lo electrónico, sazonado con todas sus descargas de punk.

Para el final, la banda rusa le abrió la pista al colectivo bogotano ‘Las Tupamaras’, que hicieron una energética presentación en apoyo a las comunidades LGBTI. La propuesta musical de ‘Pussy Riot’ fue quizás más controvertida que sus mensajes políticos, pues muchos vieron un estilo repetitivo y fueron varios los que decidieron abandonar el escenario Eco. Aunque llamaron mucho la atención por su propuesta escénica, el resultado musical no logró conectar del todo.

Al final, el mensaje de despedida de Tolokonnikova fue interrumpido de forma insólita por la presentadora del evento, que decidió dar detalles de la programación del cierre del festival justo cuando el público aplaudía a las rusas.

Otra cosa sucedió con ‘Jupiter and Okwess’, de la República del Congo; Antibalas, de Estados Unidos; el grupo argentino de ska ‘Dancing Mood’ y los británicos de HMLTD, que con sus descargas más festivas pusieron a bailar al público.

Polémica, riesgo y nostalgia despidieron a Rock al Parque

Nadya Tolokonnikova, de Pussy Riot.

En contraste, la banda de hardcore ‘Walls of Jericho’ y la de ‘deathcore Suicide Silence’ triunfaron con sus ritmos más brutales y se ganaron el aplauso de un público con dolor de cuello, pero también con una sonrisa de agradecimiento.

Este lunes, 21 bandas se encargaron de la receta final de Rock al Parque. De nuevo un aderezo de nostalgia se mezcló con sonoridades más profundas, como la que trajo Lee Ranaldo (famosa exguitarrista de Sonic Youth), y el colectivo musical ‘Tokio Ska Paradise Orchestra’, con un sonido que hipnotizó al público. A la par, ‘Mojiganga’, ‘Nadie’, ‘Skampida’, ‘Alfonso Espriella’ y ‘Ship’, bandas colombianas de gran trayectoria, afianzaron ese sentimiento de nostalgia ad portas de la despedida. A ellos se sumaron los estadounidense de Pennywise, que celebraron 30 años de carrera en el punk, y los alemanes de Kadavar, que revelaron su amor por el rock denso setentero.

Fue una fiesta musical que se prepara para su primer cuarto de siglo el próximo año.

Un lugar de encuentro

Esta edición del festival también llamó la atención porque mostró un espíritu más cercano a la idea de una fiesta de encuentro. No solo fue un espacio para ir a ver grupos, sino que afianzó el concepto de espacio de socialización, de charla y de contacto con el parque. Tal vez una de las cosas que se deben mejorar para las próximas ediciones es la organización de las ruedas de prensa con los músicos luego de sus recitales, en las que se notó en algunos casos un poco de improvisación y un trabajo deficiente en la traducción simultánea de los testimonios de bandas internacionales.

CULTURA @CulturaET



[ad_2]

MÁS INFORMACIÓN

¿Deseas opinar sobre este artículo?
Facebook